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martes, 20 de marzo de 2012

14 deseos de un hijo a su padre

  En el primer día de primavera, me tropiezo con este pequeño manual que todo padre debería de tener memorizado para cuidar y cultivar la mas preciada flor de nuestro jardín que son nuestros hijos. Los 14 deseos que un hijo pediría a su padre.

1-No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si presumes de mis virtudes, alguien sufrirá. Si ensalzas mis defectos, seré yo el que sufra.

2-No me des sin medida todo lo que te pida. A veces pido para saber hasta cuándo es razonable tomar.

3-No me grites. Te respeto mucho cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mi también, y yo no quiero que nos perdamos el respeto.

4-No estés siempre dando órdenes. Si en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosa, yo lo haría mas rápido y con mas gusto.

5-Cumple las promesas que hagas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo; si es un castigo, mantenlo.

6-No me digas mentiras delante mío ni me pidas que las diga por tí, ni siquiera para sacarte de un apuro. Me haces sentir mal y pierdo la fe por lo que me dices.

7-No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer; decídete y mantén tu decisión, porque si no viviré siempre pendiente del próximo cambio de idea.

8-Déjame valerme por mí mismo. Si lo haces todo por mí, nunca tendré la oportunidad de aprender. Por si lo olvidaste, también se aprende de los errores.

9-Cuando estés equivocado en algo, admítelo y crecerá la opinión que tengo de tí y de paso me enseñaras a admitir mis equivocaciones.

10-No me exijas que te diga "por qué lo hice" cuando hago algo que no está bien. A veces ni yo mismo lo sé.

11-Enséñame a amar y a darme la oportunidad de conocer a los otros. No me importa si la vida me lo va a enseñar de todos modos; porque de nada vale si veo que tu no amas ni vives en contacto con el prójimo.

12-No me digas que haga una cosa si tu no la haces. Yo aprendo siempre de lo que haces; pero me cuesta hacer lo que dices sin coherencia con tus propios actos.

13-No me digas "No tengo tiempo para tonterías" cuando te cuente un problema mío. O "Eso no tiene importancia". Trata de comprenderme y ayudarme.

14-Y sobre todo, si es cierto que me quieres, dímelo de vez en cuando. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tu creas que no es necesario y aunque yo nunca te lo diga, porque por supuesto,
     YO TE QUIERO CON TODO MI CORAZÓN.

Jorge Bucay

sábado, 11 de febrero de 2012

Metamorfosis sobre dos ruedas

La protagonista de la historia
Erase una vez un niño que necesitaba y ansiaba por tener una bici como la de sus compañeros de club. Hasta entonces, la que tenía de rueda ancha le satisfacía plenamente pero le facilitaba en exceso los ejercicios en comparación a sus compañeros que tenían monturas de rueda estrecha. Sus papás comenzaron la búsqueda de otra por territorio nacional y hasta tierras lejanas.
   Por otra parte, en el rincón de un  depósito donde se entremezclaban las mas exóticas bicicletas presumiendo de su esbeltas líneas, brillantes pinturas y nobles y ligeros materiales, arrinconada estaba la protagonista de mi relato. Con una rápida ojeada se adivinaba que sus mejores años ya habían pasado por ella. Su geometría clásica de finos tubos ya no llamaban la atención. Mas de un jinete había pasado por su sillín en el camino del aprendizaje. Por cada esquina que se fijara quien se detuviera a mirarla, la protagonista era la incipiente herrumbre que maculaba su cuadro, llantas y fundas de freno. Sus zapatas de freno gastadas reflejaban la falta de mantenimiento y cuidados. Sus llantas descentradas por los innumerables golpes recibidos le proporcionaban al rodar una significante pero graciosa cojera. Sus compañeras de depósito se reían de ella. Los niños la despreciaban dándole la espalda no queriendo montarla y rodar con ella, sus colores grisáceos no ayudaban tampoco a mejorar su atractivo.
  Un buen día, un niño de noble corazón y necesitado de una montura se cruzó en su camino. En ella vio algo mas que una antigua bicicleta de niño oxidada. Vió la oportunidad de montarla para volar como el viento en detrimento de sus taras. El día que ese niño apareció por mi lugar de trabajo con aquella pequeña montura desvalida de cariño, sus ojos flameaban con el resplandor de la ilusión tras encontar una nueva compañera de aventuras.
  -Mira lo que me han regalado papá! Me espetaba nada mas llegar.
  -¿Regalado? Le preguntaba.
  -Sí, como nadie quiere andar con ella...
  -Y tu? Ya anduviste con ella?
  -Siii, y me encanta como va, y cómo corre! Salvo que cuando frena hace unos ruiditos raros.
 -No te preocupes, esto tiene arreglo.
 -Oye Papá, Asun, mi maestra, dice que el gris es un color triste.
 -¿Y tú, de que color te gustaría que fuera? Le pregunté.
 -Roja! Contestaba con los ojos grandes abiertos.
 -Veremos lo que se puede hacer. Acabé diciéndole.

Y ahí empezó nuestra pequeña aventura de metamorfosis. Tras desmontarla entera, sus pequeñas y oxidadas piezas volvían a cobrar parte del esplendor de su juventud. Los cuidados con la lija y la limpieza de las costras de mugre acumuladas con el tiempo le iban sentando cada vez mejor. La pintura le volvía a dar un nuevo aliento de vida para transportar a otro niño en la aventura del aprendizaje.


Empieza la aventura

  Al acabar, su apariencia de gusano despreciable se convertía en mariposa, volvía a ser foco de las miradas de los niños que tanto la repudiaban. Y todo gracias a un niño que la supo ver mas allá de lo que representaba aquella antigua bicicleta de niño a simple vista.

Sus colores de guerra


Que se conozca su dueño


Y el equipo en que compite


Su mirada ya no tiene nada de inocente


Su orgulloso dueño en el día de su renacimiento




lunes, 7 de febrero de 2011

Una ruta y tantos caminos

  Estos días me demuestras y me doy cuenta del paso del tiempo reflejado en tu persona. Tu incesante sed de descubrimiento, de aprendizaje y de superación me hacen ver el hombrecito en el que te estas convirtiendo. Este fin de semana has vencido tu temor a las letras y te has decidido definitivamente y para siempre al hermoso hábito de la lectura y nos has leído el cuento que traes del cole decididamente y con buena voz. Las lágrimas afloraban a mis ojos al oír tu vocecita abriéndose camino entre las líneas y los párrafos de la lectura.
 Hoy me vuelves a sorprender demostrándome tu sabiduría primaria en las lides numéricas recitándome tablas de sumar sin equivocarte. Yo, a mi vez descubría la incomparable experiencia de sentir el más profundo orgullo brotándome de lo mas hondo de mi persona.
   Todo esto y unido al inolvidable fin de semana que hemos compartido los tres pedaleando juntos y dejando unos cuantos kilómetros a nuestras espaldas compartiendo mi mas preciada afición, hace que al recordarlo, en  las pequeñas pausas que me da la mente durante el día, brote una sonrisa en mi cara de alegría tal y como te sucedió al estrenar tu nueva trotona que con tanto esfuerzo has ganado merecidamente.
  Tu pequeño maillot me recuerda una de las pautas de la vida : Una ruta y tantos caminos..

jueves, 9 de septiembre de 2010

Vuelta al cole


  Primer día de clase. Ya llevabas preguntándome largo tiempo atrás por el día del retorno al cole. Por más que te lo hubiera querido explicar, tu mente de niño no hubiera asimilado dicha información en el tiempo. Para tí un mes es una vida. Mis contestaciones evasivas se basaban en un "todavía te quedan muchas vacaciones" o un " ya te falta menos". La semana pasada ya veías el gran acontecimiento a la vuelta de la esquina, y ya contabilizabas por tí mismo la llegada del próximo jueves. Ansiabas la llegada de ese día tan señalado para volver a ver a tus compañeros y a tu venerado profe del que tanto preguntabas. Tu ansiedad probablemente vaya cambiando de parecer con el paso del tiempo aunque mi deseo de padre sea que mantengas esa ilusión intacta por mucho tiempo. Los nervios se apoderan de tus actos y comportamiento diarios aunque procuremos enseñarte a encauzar y corregir ese derroche de energía y que no te perjudiquen en años futuros (Que fácil es decirlo y que imposible a veces llevarlos a la práctica. Por mi parte sigo trabajando en ello.)
  Al fin llega la víspera de tan señalado día. Tenemos la sensación de tener un potrillo desbocado correteando por casa, planteando incesantemente infinidad de preguntas y ametrallandonos a porqués. Esa noche tocaba pasarla a lo toledano. La impaciencia y los nervios te impedían dormir del tirón como todos los días y tus pasitos sonaban ahogados por el pasillo camino del servicio en busca de algún alivio inútil.Te oía dar vueltas en la cama y dialogando con tus peluches. ¿Que les contabas? ¿No podían dormir quizás ellos tambien? A la mañana siguiente el despertar no te costaría a diferencia del desayuno que se negaba a entrar en un estomago lleno de  nudos. Tu mochilita te esperaba en el recibidor llena a rebosar de experiencias nuevas, ilusiones y ansiedades. Por fin llegamos al cole (de los primeros, como siempre) y llueven sobre ti un mar de preguntas como "Cuánto has crecido" y "Que tal las vacaciones?". Te doy un caluroso abrazo y una ráfaga de besos recordándote por última vez las pautas a seguir para que no te castiguen demasiado pronto en tu primer día.
  Te veo alejarte y confieso que vuelvo a revivir antiguas emociones y sensaciones que creía olvidadas con el paso del tiempo reflejadas en tí y me siento rejuvenecer un poco más.
  Alguien dijo un día que los hijos hacen que vuelvas a vivir y experimentar la vida de nuevo. Razón no le faltaba.

domingo, 30 de mayo de 2010

Esperando lo inesperado

 Con los corazones ebrios de felicidad pasábamos los días entre frecuentes llamadas y mensajes por teléfono móvil. Nuestra unión sentimental se reforzaba día a día. Lo que ella sentía lo sentía yo, los estados anímicos eran compartidos, vivíamos en una nube. con una dualidad interna muy intensa. Nuestro corazón creía e ilusionaba a todo nuestro ser con pensar en que todo iba a tener una resolución positiva, pero nuestra cabeza nos mantenía con los pies en la tierra y limitaba tanta euforia. Los tres primeros meses eran de vital importancia, lo sabíamos y lo temíamos. Jugábamos a adivinos con estrambóticos calendarios chinos y memeces varias con el fín de adivinarte el sexo que te iba a ser asignado por madre naturaleza.
  Al llegar la revisión rutinaria de los 3 meses de gestación, la ecografía daba luz a tanta especulación. Con la mirada clavada en la pantalla te veía en diversas posturas. Tus piernecitas dobladas se veían  a la perfección, tus manitas, tu columna vertebral, tu cabecita, todo estaba en su sitio y en inmejorables condiciones y cómo latía tu corazón...Musica celestial y abrumadora para mis sentidos. Al fin mis ojos se fijaban en una protuberancia que no me era desconocida. La tocóloga nos preguntaba si deseabamos saber tu genero, contestando un unísono "sí". Me adelantaba a comentarle si cabía la posibilidad de que fueras niño. Había acertado con el intríngulis que nos atenazaba estos últimos tiempos, dando lugar por parte de la especialista a mi nombramiento como sexador de fetos honorario. Allí estabas, mi hijo Adrián. Tu nombre ya resonaba en nuestra mente durante muchos años atrás. Te lo habíamos asignado como posible integrante de una familia que ya queríamos fundar como planean muchas parejas seguras de su relación y como proyecto de futuro. Siempre has formado parte de nosotros.
  Un buen día, la realidad superó a la ficción y lo que tanto temíamos que sucediera llamaba a la puerta sin piedad. Complicaciones durante la gestación hicieron que mamá tuviera que dejar el trabajo y mantener reposo dando lugar a nuestras primeras preocupaciones serias.
    Entre cuidados, mimos a raudales y paseos suaves, fueron pasando los días que se convirtieron en semanas y en meses. El periodo reglamentario que dicta la naturaleza se iba extinguiendo y tú no hacías amagos para dar el último gran paso.
  Salvo por el contratiempo antes mencionado, todo se iba desarrollando de la mejor manera posible. Sin náuseas al comienzo, sin dolores reseñables y con el mejor de los ánimos. La última etapa nos reservaba una mala pasada.

lunes, 10 de mayo de 2010

Una nueva vida

 - "Cariño, tengo algo que contarte", me espetaba tu madre.
  Yo acababa de llegar del trabajo un mediodía de Julio de 2004 con el aliento entrecortado y me disponía a comer. Vislumbraba una mezcla de tensión en su voz y un brillo increíble en su mirada. Un brillo que nunca había visto en sus ojos y que volvería a ver en otras muchas ocasiones. Intuía que algo gordo iba  a suceder. Los reflejos y el conocimiento que tengo de mi persona ante emociones demasiado bruscas hacen que me siente en el primer sitio  que mis posaderas encuentren. Su mano apretaba algo que sostenía con nerviosismo y solemnidad. Mi cabeza trabajaba a mil por hora recopilando cualquier metedura de pata por mi parte de la que no hubiera dado importancia y que pudiera dar lugar a aquel momento de tensión.
-"Estoy embarazada" me confesaba al mismo tiempo que me alargaba el Predictor con el resultado positivo en la ventanita "T" que tantas veces nos había ignorado. Aquí acababan 4 largos años de paciencia, angustias, alegrías y luego tristezas. Cuatro eternos años de pruebas médicas realizadas a tu madre, unas físicamente livianas otras no tanto, todas durísimas moralmente, pero sobrellevadas con una valentía y una entereza por parte de Mami que muchos nos gustaría tener en muchos momentos de la vida. Al final se juntaron mi puntería y tu sprint final para obrar el milagro. Un buen trabajo de equipo. Hoy en día, el querer pasar atropelladamente delante del que se encuentra por delante tuyo, sigue siendo una de tus características. Que curioso.
  Tras la frase milagrosa las lágrimas no se hicieron esperar, el abrazo eterno. Un abrazo de alegría y de incredulidad ante el milagro conseguido. Temblábamos como hojas de infinita alegría y nerviosismo. Sin tiempo de reponernos, llamamos acto seguido a tus titos (abuelos) Carlos y Raquel para anunciarles la buena noticia.
Coge el teléfono tu abuela. Yo, entre sollozos, logro de la mejor manera posible comunicarme con una abuela incredula, fría y pasiva al otro lado del aparato.Contestación :
-"Bueno Carlos, no hay necesidad de ponerse en tal estado."
Un jarro de agua fría de ese tamaño mantendría impasivo al volcán en plena erupción.
Los días y noches siguientes fueron un hervidero de propósitos, planes y sobre todo temores por mi parte hacia la responsabilidad que se me presentaba. Algo muy importante estaba sucediendo en mi vida. Algo que no podía evaluar la magnitud de lo que representaba para mí. Algo inmenso iba acontecer en mi humilde existencia. Ese algo eras tú, amor mío.